¿Cómo puede Natalia Ginzburg escribir siempre historias tan vivas, tan reales y cotidianas, de personas tan desgraciadas? Son novelas que te hacen sentir con mucha intensidad la vida de la gente, la pena que acompaña a la gente desgraciada a lo largo de su vida cotidiana, con un realismo brutal. La sencillez, y a la vez el lirismo, de la prosa no distrae al lector con grandes sentimientos y paisajes, sino que lo conmueve en cada desoladora nimiedad. Y, a menudo, también nos hace sonreír.
Recomiendo: Léxico familiar, Nuestros ayeres, Las pequeñas virtudes y Querido Miguel. (Por ahora)
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